DALE VIDA A TU CEREBRO por RAQUEL MARÍN

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Raquel123

En este artículo comparto una interesante información sobre la importancia de la salud intestinal para la salud mental y emocional.


Todos hemos experimentado alguna vez la sensación relajante y placentera que nos genera una buena comida o, por el contrario, cómo “se nos revuelven las tripas” cuando experimentos una emoción desagradable.

Sin embargo, en épocas recientes la neurociencia está yendo mucho más allá en esta relación entre las entrañas y la mente, hasta el punto de que numerosas patologías del cerebro como son el Alzhéimer, el Parkinson, el autismo, la depresión, la esquizofrenia y el déficit de atención se asocian a desequilibrios en las bacterias del intestino.

INTESTINO TIENE SUS PROPIAS NEURONAS.

El intestino cuenta con su propio sistema nervioso (denominado sistema nervioso entérico) con unas 100 millones de neuronas. Por esa razón, se denomina “segundo cerebro”.


A las neuronas del intestino sirven entre otras cosas para que el intestino mueva su musculatura durante el proceso de digestión permitiendo que el alimento entre en contacto con los jugos digestivos.

Por otra parte, las neuronas del intestino interactúan con las neuronas del cerebro. Esta conexión se podría denominar como una “autopista” de información a doble sentido denominada eje cerebro intestinal. Esta manera, ambos están sincronizados e informados del estado del otro.

Por ejemplo, cuando estamos emocionalmente estresados, el intestino se entera inmediatamente. Y viceversa, cuando el intestino tiene problemas la cabeza empieza a fallar. En esta relación, el intestino es el mayor charlatán y el 90% de las fibras nerviosas van del intestino al cerebro. El cerebro es muy dependiente de sus tripas.

¡Así se come, así se piensa!


EL INTESTINO ESTÁ LLENO DE MICROORGANISMOS.

Nuestro intestino, y el colon en particular, están colonizados por una abundantísima flora intestinal, en su mayoría bacterias microscópicas que llegan a alcanzar hasta 100 trillones. Son más abundantes que nuestras propias células del cuerpo y constituyen aproximadamente 2 kilos de peso.


Durante mucho tiempo se pensó que se encargaban de ayudar a digerir la comida, pero en épocas recientes hemos aprendido que hacer muchas más cosas. Para el cerebro son esenciales porque fabrican parte de las moléculas que las neuronas necesitan para desarrollar su función favorita: charlar entre ellas.


Estudios de investigación de los últimos años efectuados en animales experimentales ha puesto de manifiesto que cuando se “limpia” el intestino de las bacterias, estos ratones asépticos experimentan cambios en la conducta, ralentizan el proceso de aprendizaje y tienen menos habilidades sociales. En otras palabras, pierden parte de su capacidad cognitiva.


Otros experimentos en los que se hicieron trasplantes de microbiota de unos ratones agresivos a otros ratones pacíficos, demostraron que estos trasplantes provocaban un cambio de comportamiento en los ratones pacíficos. 

Sorprendentemente se volvían agresivos de manera similar a los donantes.


Estos fantásticos experimentos ponen de manifiesto que los microorganismos no solamente aportan nutrientes al son en parte responsables de nuestra forma de ser y de aprender.

Por esta razón, algunos de los científicos denominan a la microbiota intestinal “el tercer cerebro”.


Las investigaciones futuras nos traerán sin duda interesantes hallazgos para aliviar enfermedades de la mente y del cerebro tan solo modificando las pautas alimenticias y corrigiendo los desequilibrios intestinales.


Raquel Marín es neurocientífica y catedrática de fisiología en la Universidad de La Laguna. Es además divulgadora científica. “Dale vida a tu cerebro” de Roca editorial es su primer libro de divulgación, y ya se encuentra en segunda edición.


                                                                                                                                    Raquel Marín Cruzado

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